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Dos lavanderos, Camiseto y Calcetina, aparecen en la plaza dispuestos a realizar su trabajo: lavar kilos y kilos de ropa. Están contentos porque estrenan una lavadora gigante que les facilitará mucho el trabajo. Calcetina tiene verdadero interés en lavar, claro, es lavandera de toda la vida y nieta de Dorotea, lavandera donde las haya; el otro es más cuentista, empeñado en contar todas aquellas historias que él escucha en la ropa. Todo, absolutamente todo, le dice cosas. Esta obsesión es contagiada a chavales y chavales a quienes mete el gusanillo de escuchar. En una pequeña ausencia de Calcetina cuenta el cuento de las lavanderas y el de... pero ¡no!, es sorprendido por su compañera que le reclama a su auténtico trabajo, lavar la ropa. Leen las instrucciones de la lavadora pero... no entienden como funciona. Camiseto propone leer despacio las instrucciones una tras otra con los chavales de la plaza. Quizás así se aclaren. Cada una provoca un juego o baile. Es la manera más divertida de lavar que conocen. ¿Acabarán algún día la colada? |
