En 1984 el Conde de Salchichón nos llamó, (mandó un fax) para preparar con él la fiesta de Carnaval Infantil en la ciudad. Había un rey que era él y que se iba volando.
Y a los demás nos tocaba, bailar, cantar, disfrazarnos, pasárnoslo bien, llenar la calle y otras barbaridades.
La fiesta sería en la calle, bajo el cielo, nubes y aves. Y a veces lluvia.
La preparación se haría en los colegios con maestros, y para molestar, estropear, y desexplicar lo que había que hacer, nos envió a los Vizcondes de la Morcilla.